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| IMAGENES DIGITALES. RAUL PONCE Por Adriana Laurenzi Cuando pensamos en arte digital, pensamos en un lenguaje geométrico, frío, donde la mano del artista ha desaparecido. Las "imágenes digitales" presentadas en el Centro Cultural Recoleta revierten estos preconceptos y abren un nuevo camino |
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| donde el procesador se convierte
en un instrumento capaz de ofrecer medios expresivos al expresionismo antropomorfo
de Raúl Ponce. Este artista formado en el dibujo nos hace
repensar las posibilidades que la máquina brinda a quien la usa como
un medio capaz de dibujar la condición humana de nuestra época.
Una época de increíbles adelantos científicos, entre
ellos la técnica digital, pero también de agudas contradicciones
y miserias. La máquina ha modificado nuestra existencia, las relaciones humanas, el espacio y el tiempo. El concepto de modernidad está ligado a la idea del progreso tecnológico, acentuándose con la informática, como si ésta hubiera alcanzado autonomía y pudiera ocupar el lugar del hombre. En el campo artístico, el llamado arte digital, parecería cerrarse en un ámbito técnico, olvidándose que es un instrumento que está al servicio de aquello que ni la más sofisticada máquina puede reemplazar, el factor humano. La máquina funciona, realiza un trabajo, produce, pero todo trabajo, toda función, está en función de un fin y tiene un objetivo. Pero frente al ritmo autómata de la función, alguien se pregunta para qué, hacia dónde va el orden. Quien se lo pregunta es el artista y nos devuelve su respuesta en una imagen, que bien puede ser digital, manual, al óleo o con chorro de tinta. La obra de Raúl Ponce en Imágenes Digitales revierte toda idea preconcebida sobre este medio y ratifica que la expresión humana, sensible, cargada de dolor, de magia, de encanto, de ironía, puede grabarse en el firmamento, en la arena de la playa o en la computadora; pero la esencia que nos permite descifrar la existencia es la mirada única, distinta y a la vez siempre atenta del artista. Podemos definir a Ponce como un dibujante que hace honor a la rica tradición de los grandes maestros que desde Lajos Szalay hasta Carlos Alonso han narrado en sus imágenes nuestra historia; con deformaciones expresionistas han definido los perfiles de nuestra identidad. "Juegos Digitales" Los chicos aprenden a manejar la computadora porque forma parte de sus juegos; además de la natural destreza psicofísica, se activa una capacidad esencial para el desarrollo de la creatividad, la imaginación. Desde los primeros ensayos sobre la estética, la imaginación es considerada la facultad fundamental que interviene tanto en la creación artística como en su percepción. Así para Kant en su Crítica del Juicio, la imaginación permite unir en el hombre la experiencia con la razón. "Juegos Digitales" consta de 20 obras de pequeño formato en las que el carácter aleatorio del juego se fusiona a la búsqueda, al ensayo, al descubrimiento en el marco de libertad al que lo lúdico dispone. Ponce incorpora el color y la textura "escaneando" bolsas de arpillera, tejidos de lana y piedras que ganan fuerza con la luz de la pantalla, colores generalmente ausentes en sus dibujos en tinta o lápiz, sus técnicas más usadas. |
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| "Subidos,
I, II, III" Como en un Brueghel moderno, los hombres son "tipos" y se mueven impelidos por un impulso ciego. Ponce pone al desnudo la condición humana a la que está sometido el hombre, a la privación de la conciencia sobre la acción, a la condición de masificación, donde todos marchan según un rumbo predeterminado. Agrupados en apretadas "colas", marchan juntos pero aislados. Imagen que sintetiza la vida en las grandes ciudades como Buenos Aires. La escalera parece ser un lei motiv a partir de la cual se ordenan los grupos de figuras humanas. Esta se convierte en una estructura siniestra que impone una acción. Aferrados a ella como única salvación, todos se abocan a la ciega tarea de ascender indefinidamente. El anonimato de estos humanoides puede evocarnos a los resucitados de los tímpanos románicos, pero la pequeñez de la humanidad era redimida por la figura de Cristo-Juez que otorgaba certezas al desamparo de la existencia en la tierra. "Subidos, I, II y III" son tres obras relacionadas a la manera de un tríptico renacentista, se conserva en ellas algo del espíritu religioso. En el panel central, preside la acción una figura cuyo tamaño no es mayor a las otras, sólo identificable en su calidad de director por una batuta en su mano derecha. La crisis religiosa del siglo XVI, llevó a Miguel Ángel a pintar un Juicio Universal donde la humanidad entera mira aterrorizada el gesto de condena del Cristo-Juez; en la cabecera de la Capilla Sixtina no hay bienaventurados que posean la certeza de un descanso en el paraíso. En "Subidos I, II y II" los hombres se encuentran en desventaja con respecto a sus antepasados porque han perdido a Dios, en su lugar encontramos a un equilibrista, del mismo porte que el resto y ocupando un inestable lugar en la cima de una pirámide humana. La falta de valores, la evaporación del sentido, es el problema del nihilismo moderno. Octavio Paz dice respecto a la modernidad en la escritura: "Pero el verdadero nihilista, como lo vio con mayor realismo Dostoievski, no danza ni ríe: va de aquí para allá -alrededor de su cuarto, si es igual para él, alrededor del mundo- sin poder jamás descansar pero también sin poder jamás hacer nada. Está condenado a dar vueltas, hablando con sus fantasmas." Esta misma alineación, pérdida de sentido, de individualidad, se configura en el universo cósmico de Raúl Ponce, tanto más simbólico como cercano a nuestra propia condición humana. |
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